Conocer las características del desarrollo normal y conocer al niño como un individuo único, son las bases para iniciar el maravilloso viaje de la estimulación, de darle al niño la posibilidad de un futuro exitoso, de establecer con él una relación cálida, afectuosa y firme, así como de momentos inolvidables de convivencia. Estimular al bebé, disfrutándolo, es darse un regalo invaluable.
Es necesario crear conciencia de la importancia de los primeros años de vida en el desarrollo del ser humano a fin de prestarle una atención adecuada y formar niños seguros, tranquilos y felices.
El niño necesita que lo expongan paulatinamente a su medio cultural y formar parte activa de la comunidad a la que pertenece, a fin de que ésta lo ayude a crecer intelectual y efectivamente. Así mismo, para que la inteligencia del niño se desarrolle, éste debe mantenerse activo en un medio propicio que le proporcione el mayor número de experiencias posibles, a fin de que tenga mejores oportunidades de desarrollo. Partimos de la premisa de que los primeros años de vida son determinantes para el desempeño futuro, y en particular para un enfrentamiento exitoso con la escuela y el aprendizaje académico.
Este artículo presenta una visión general de las características del niño en el primer año de vida y la importancia de favorecer, por la estimulación temprana, su óptimo desarrollo en todas las esferas: cognitiva, motriz, del lenguaje y social. La optimización del desarrollo del niño normal puede darse en el hogar y sin necesidad de invertir en materiales y equipos elaborados. La creatividad es la mejor herramienta.
Para ello, es necesario entender al niño como un ser biopsicosocial y su desarrollo, como un proceso continuo e integral. El término 'crecimiento' hace referencia a cambios cuantitativos en tamaño y estructura, mientras que 'desarrollo' se refiere a los cambios cualitativos, ordenados y coherentes que se dirigen a la madurez y que resultan de una actividad e intercambio entre el organismo y el medio ambiente. El desarrollo es, entonces, un proceso continuo, lógico y secuencial en donde las estructuras posteriores se construyen con base en las anteriores, de lo simple a lo complejo y hacia un equilibrio cada vez más estable.
Con base en el trabajo de varios autores importantes en este campo, tales como Piaget y Brazelton, enfocamos la atención adulto en todos los aspectos de la vida cotidiana que intervienen en el desarrollo armónico y continuo de las potencialidades del niño, es decir, nos apoyamos en la rutina diaria del cuidado del bebé, pero superando el término 'cuidar' para convertirnos en promotores de su desarrollo integral. Por otra parte, debe considerarse que los niños no son receptores pasivos, sino que existen influencias bidireccionales en una corriente ininterrumpida del mundo externo hacia el niño y del niño hacia su mundo.
Las carencias y factores de riesgo afectan el desarrollo normal con un efecto significativamente mayor en periodos críticos del desarrollo temprano.
Sus efectos negativos se manifiestan antes de la edad promedio de ingreso a la educación preescolar. De ahí que los periodos óptimos para la intervención sean los primeros años de la vida. La falta de una atención oportuna deriva posteriormente en dificultades en el aprendizaje escolar y, por consiguiente, en el fracaso y la deserción de la escuela.
El primer tipo de riesgo, el ambiental, no sólo se da, como podría pensarse, en comunidades desfavorecidas económicamente. Un niño puede carecer de estimulación adecuada independientemente de la situación económica en que se desenvuelva. Las investigaciones indican que un suceso o experiencia negativos aislados no causan un daño permanente en el niño; sin embargo, un incidente especialmente traumatizante o un patrón de privación profunda en la infancia pueden tener consecuencias perdurables o incluso irreversibles. En la mayoría de los casos, de no existir un antecedente pre, peri o post natal serio, un medio ambiente enriquecedor ayuda al pequeño a sobreponerse a privaciones tempranas.
Los padres deben recibir información clara, completa y oportuna de las condiciones del nacimiento del niño, a fin de tener, desde ese momento, mayor claridad de sus necesidades de estimulación y de las posibles expectativas.
El niño necesita exponerse paulatinamente al medio cultural y formar parte activa de la comunidad a la que pertenece, a fin de que ésta lo ayude a crecer intelectual y afectivamente, haciéndolo participar en su realidad social. Así mismo, para que la inteligencia del niño se desarrolle, éste debe mantenerse activo en un medio propicio que le proporcione el mayor número de experiencias posibles. Con ello el pequeño tendrá mejores oportunidades. Partimos, nuevamente, de la premisa de que los primeros años son determinantes para el desempeño futuro y, en particular, para un enfrentamiento exitoso con la escuela y el aprendizaje académico.
De acuerdo con la teoría de Piaget, los dos primeros años de vida corresponden al periodo sensoriomotor. En éste, el niño cambia su ser, de alguien que responde primordialmente en forma refleja, por alguien que puede organizar actividades relacionadas y dar una respuesta voluntaria a su medio ambiente.
Iniciamos con el recién nacido. Las cuatro primeras semanas de vida se denominan periodo neonatal, una etapa de transición de la vida intrauterina, totalmente dependiente, a una existencia independiente, que exige una enorme capacidad de adaptación a los diferentes sistemas del cuerpo del bebé:
circulatorio, respiratorio, gastrointestinal y de regulación de la temperatura.
Aún cuando los neonatos duermen la mayor parte del tiempo y su único lenguaje es el llanto, sus características, tales como el reflejo de prensión de sus pequeñas manos, su mirada fija, su cuerpo pequeño y bien formado, cabeza grande, nariz pequeña y mejillas regordetas, resultan irresistibles para el adulto. Son estímulos para la interacción y, por lo tanto, para el desarrollo socioemocional.
Por otra parte, a nivel neurológico, el bebé nace con un desarrollo muy completo de las estructuras subcorticales (por debajo de la corteza cerebral) que le permiten regular funciones biológicas, mientras que la corteza cerebral, en donde se originan el pensamiento, la solución de problemas y la motricidad, es aún inmadura. De ahí la importancia de la estimulación, pues el cerebro por su "plasticidad" "se moldea" mediante la experiencia, especialmente durante los primeros años de la vida. Así, las experiencias tempranas pueden tener efectos perdurables en la capacidad del sistema nervioso central para aprender y almacenar información. Un ambiente enriquecido incrementa el nivel de crecimiento y funcionamiento cerebral, así como el número de conexiones neuronales. Esta plasticidad del cerebro continúa, aunque en menor grado, en la mayor parte de la vida.
En general, estimular al bebé implica:
- Promover que las condiciones fisiológicas, educativas, sociales y recreativas sean adecuadas
- Orientar el espíritu de curiosidad y observación del niño
- Favorecer la adaptación al ambiente
- Desarrollar el control postural, practicando con ejercicios de psicomotricidad gruesa y fina
- Practicar actividades lúdicas y de socialización
A continuación se presenta una breve y general visión de las áreas básicas del desarrollo y algunos de logros más importantes a los que llega el niño típico en su primer año de vida:
COGNICION
El recién nacido normal y saludable es increíblemente competente.
Nace con sus sentidos funcionando y con capacidad de aprender y desarrollar el lenguaje, por lo que es capaz de afectar su medio ambiente y reaccionar ante él desde el nacimiento.
De acuerdo con Piaget, durante los dos primeros años de vida el infante experimenta el mundo básicamente por medio de sus órganos sensoriales y de la motricidad. De ahí que haya designado a esta etapa "sensoriomotríz". En ella el pequeño pasa de responder en forma refleja y azarosa a interactuar con el ambiente de una manera propositiva y organizada, generalizando conductas a nuevas situaciones, anticipando y coordinando aprendizajes nuevos y antiguos. Esta etapa se divide en subetapas.
Mencionamos únicamente las correspondientes al primer año de
vida:
a) Uso de reflejos (primer mes de vida). Los infantes ejercitan los reflejos innatos y ganan cierto control sobre su cuerpo; no coordinan la información proveniente de sus sentidos, ni intentan tomar un objeto frente a ellos.
b) Reacciones circulares primarias (uno a cuatro meses). Los infantes repiten conductas placenteras que ocurren por casualidad la primera vez; las acciones se centran en el efecto en su propio cuerpo más que en los efectos en el ambiente, y empiezan a coordinar la información sensorial.
c) Reacciones circulares secundarias (cuatro a ocho meses). Los infantes se interesan en el ambiente, repitiendo acciones que dan resultados interesantes. Las acciones se vuelven intencionales aunque en un principio no hayan tenido un propósito. Se logra una permanencia parcial del objeto, pues los bebés ya buscan un objeto parcialmente escondido.
d) Coordinación de esquemas (de los ocho a los 12 meses). La conducta es más propositiva al coordinarse todos los esquemas previamente aprendidos; ya utilizan conductas aprendidas para alcanzar metas, anticipan los eventos y la permanencia del objeto se sigue desarrollando. En esta subetapa los bebés buscan un objeto que se les ha escondido, pero solamente en el lugar donde lo
había encontrado, a pesar de haber visto que se cambiaron de lugar, es decir, insisten en buscarlo donde ya lo han encontrado.
En esta etapa el bebé alcanza logros importantísimos a nivel cognitivo, tales como el inicio de la permanencia del objeto, concepto mencionado cuando describimos las subetapas del periodo sensoriomotriz, y que implica saber que un objeto existe y está presente aún cuando no podamos verlo. Esto se desarrolla paulatinamente, de tal forma que, por ejemplo, el niño comprende que su mamá está ahí aún cuando esté fuera de su vista, y por lo tanto, tolera su ausencia en forma más calmada. La permanencia del objeto también ayuda al niño a darse cuenta de que las cosas y personas están separados de sí mismo, e interviene en la comprensión de conceptos de espacio y tiempo.
La comprensión y reconocimiento de la causalidad es otro concepto que inicia su aparición en la etapa sensoriomotriz, de tal forma que el niño empieza a notar que sus acciones provocan ciertos efectos o resultados.
SOCIALIZACION
La socialización es un proceso permanente que se conforma de dos vertientes complementarias que son la adaptación a las normas, hábitos, pautas de conducta y valores culturales del grupo al que se pertenece (socialización) al mismo tiempo que el individuo desarrolla su identidad, autoconcepto y autoestima (individuación). En la infancia, la socialización debe propiciar mecanismos de adaptación del individuo a su medio social. Poco después de nacer, los bebés muestran interés, angustia y disgusto; en los meses siguientes empiezan a expresar cólera, alegría, sorpresa, timidez y miedo, y alrededor de los ocho meses, la mayoría de los bebés tienen miedo a los extraños. La sonrisa se desarrolla por etapas. En un inicio refleja sensaciones placenteras, resultado de la actividad del sistema nervioso central; alrededor del primer mes las sonrisas se hacen más frecuentes y cerca del tercer aparece la sonrisa social que es más amplia y de más duración.
Durante los primeros meses de vida del bebé, los padres invierten gran cantidad de tiempo y energía, tratando de comprender sus diferentes estados y necesidades. Algunas veces quieren hacerlo dormir cuando no lo necesita; en otras, tratan de alimentarlo cuando está excesivamente somnoliento, y la mayor parte del tiempo intentan calmar a un bebé que llora y cuyo llanto, la mayoría de las veces, es más molesto que grave. Al respecto, los padres reciben infinidad de consejos. Los resultados de las investigaciones de Ainsworth, recomiendan a los padres ayudar al bebé que llora, ya que así adquiere más seguridad en sí mismo, una "confianza básica" en términos de Erikson, pues se da cuenta de que puede afectar su medio ambiente y de que satisfacemos sus necesidades. Dichas investigaciones revelaron que al final del primer año de vida, los bebés que habían sido calmados con suavidad y ternura, lloraban menos y se comunicaban más en otras formas, en tanto que los bebés ignorados o castigados, lloraban con más frecuencia.
En los primeros 18 meses los niños necesitan desarrollar un sentido, y experimentar de qué tanto son confiables las personas que los rodean, qué tanto sus necesidades básicas serán satisfechas, etc. y requieren también un equilibrio entre la confianza básica que les permite relaciones cercanas con las personas que significan algo en su vida, y la desconfianza que les permite protegerse a sí mismos, usando la terminología de Erikson.
Las respuestas emocionales de los infantes siguen con frecuencia patrones que persisten a través de los años, lo que indica que el temperamento básico es innato. En 1984 Thomas y Chess estudiaron nueve aspectos del temperamento que se manifiestan muy pronto después del nacimiento y que tienden a permanecer estables a lo largo de la vida:
1. Nivel de actividad. Qué tanto y con qué frecuencia se mueve una persona
2. Ritmicidad o regularidad. Predictabilidad de las funciones biológicas (como apetito, sueño y eliminación)
3. Aproximación - retiro. Con qué disposición acepta a personas y situaciones nuevas
4. Adaptabilidad. Con qué disposición una persona acepta las transiciones, como el cambio a una nueva actividad
5. Umbral sensorial. Sensibilidad a los estímulos físicos como el ruido, luz y tacto
6. Calidad del temperamento. Si el estado normal de una persona es placentero y jovial o sombrío y poco amistoso
7. Intensidad. Qué tan fuertes son las respuestas de una persona (intensidad de la risa, fuerza del temperamento)
8. Capacidad de variación del temperamento. Si una persona cambia de conducta fácil o rápidamente como respuesta a los estímulos externos
9. Persistencia del periodo de atención. Durante cuánto tiempo puede persistir una persona en una actividad y cuánto dura su atención al enfrentar obstáculos.
Las características de temperamento de un bebé que lo hacen diferente a los demás, determinan en gran medida la manera en que será tratado y atendido, la ansiedad que genera en su mamá, etc., y lo ubican en una de las tres categorías de patrones temperamentales identificados por Thomas y Chess:
1. Niños fáciles. Generalmente se muestran felices, regulares en lo referente a su funcionamiento biológico y capaces de aceptar con facilidad nuevas experiencias
2. Niños difíciles. Generalmente se muestran irritables, difíciles de complacer, irregulares en su funcionamiento biológico y con tendencia a expresar sus emociones de manera más fuerte
3. Niños pasivos (difíciles de entusiasmar, poco afectuosos). Con tendencia a reaccionar en forma apacible y necesitan más tiempo para adaptarse a personas y situaciones nuevas.
PSICOMOTRICIIDAD Y SENSOPERCEPCION
El desarrollo motriz depende de la maduración de patrones de conducta predeterminados biológicamente y basados en dos principios llamados:
Cefalocaudal, que afirma que el desarrollo procede de la cabeza a las partes bajas del cuerpo, lo cual quiere decir que los infantes controlan primero las partes superiores del cuerpo antes que las inferiores; y el proximodistal, según la cual el desarrollo tiene lugar de la parte central del cuerpo hacia las partes externas, es decir, procede del centro a afuera, de tal forma que los infantes
primero controlan los brazos y muslos, más cercanos al eje central del cuerpo, después los antebrazos y piernas, posteriormente manos y pies y finalmente los dedos.
En los primeros meses de vida, el bebé actúa mediante conductas reflejas, es decir, respuestas automáticas e involuntarias a estímulos externos, que parecen tener funciones de protección y sobrevivencia.
Los reflejos primitivos, propios del recién nacido, se presentan desde el nacimiento y pueden producirse incluso antes. Si el infante es neurológicamente sano, los reflejos primitivos se integran, es decir, se retiran o desaparecen debido a que la maduración de la corteza inhibe sus manifestaciones, en diferentes momentos del primer año. La presencia o ausencia de reflejos primitivos en la edad o momento apropiado son signos importantes de un desarrollo neurológico normal o anormal. Algunos de estos reflejos son el prensor de las manos, el reflejo de Moro o sobresalto, el reflejo de Babinski caracterizado por un movimiento particular de los dedos al estimular el pie, el reflejo de succión y hociqueo, etc. Otros reflejos de protección tales como la tos, el estornudo, parpadear o tiritar permanecen para asegurar la sobrevivencia, por lo que, evidentemente, no constituyen reflejos primitivos.
Durante su desarrollo, el niño debe adquirir habilidades psicomotoras en tres aspectos:
- Psicomotricidad gruesa, referente al movimiento y equilibrio del cuerpo
- Psicomotricidad fina, que favorece la coordinación visomotora y uso de las manos
- Esquema corporal, que permite al infante conocerse a sí mismo.
Desde los primeros días de vida, el niño supera etapas importantes del desarrollo. El recién nacido insiste en levantar y sostener su cabeza, lo cual da fuerza a la musculatura de cuello, espalda y las extremidades superiores.
Sostener la cabeza es fundamental para lograr todas las destrezas motoras posteriores. Cuando sostiene la cabeza el bebé se apoya en sus antebrazos y lleva a cabo pequeños desplazamientos sobre su abdomen, para llegar después a balancearse sobre manos y rodillas, pasando de un gateo incoordinado a uno seguro, veloz y con soltura. El gateo es el estado final de un tipo primitivo de desplazamiento y uno de los pasos más importantes del inicio de la marcha.
El niño después se pone de pie, sostenido, y da pasos sobre este apoyo; paulatinamente puede independizarse al caminar y poco a poco se enriquecen sus habilidades motoras. De ahí la importancia de proporcionarle las condiciones que lo ayuden a ejercitarlas. Todas las fases de la locomoción permiten a su vez que aprenda nociones del espacio, y de la distancia existente
ente él y los objetos del ambiente que lo rodea; para conocer una distancia y un tamaño no es suficiente "ver" sino "moverse".
Las habilidades de motricidad fina se estructuran en los primeros meses de vida, con base en los esquemas de reflejos simples que existen en el recién nacido quien no ha tenido contacto directo con experiencias. Así, el simple reflejo de succión que aparece al estimular el área de la boca, se transforma posteriormente en una búsqueda táctil activa que reemplaza a la actitud pasiva inicial. La experiencia empieza, así, a dictar diferentes tipos de acción. Por ejemplo, los movimientos de las manos en un momento dado se transforman en puntos de atención para mirar, y los objetos, antes carentes de significado, se vuelven estímulos para ver, alcanzar y manipular; son los inicios de la coordinación del ojo y la mano. La adquisición de una destreza sirve de punto de partida para otra.
Cuando en los primeros meses un bebé sujeta algo, no utiliza los dedos índice y pulgar, sino los otros tres dedos y la palma de la mano; este tipo de aprehensión es una reacción automática, debido a las sensaciones recibidas en la palma y, además, el bebé muy pequeño no puede "soltar" el objeto voluntariamente. Después, se integran y organizan las sensaciones del tacto con las de músculos y articulaciones para desarrollar gradualmente movimientos de pinza más eficientes con la oposición del dedo pulgar. Otro logro importante, alrededor del cuarto mes, es juntar las manos al frente, pues implica la coordinación de ambos lados del cuerpo. Alrededor del quinto mes el bebé sostiene un juguete en cada mano y golpea uno contra otro.
El esquema corporal, según Vurpillot, "es una estructura adquirida que permite que un sujeto pueda presentarse a sí mismo, en cualquier momento y en toda situación, las diferentes partes de su cuerpo, independientemente de todo estímulo sensorial externo. En ella reside no sólo la posibilidad de tomar conciencia individual de cada parte, dedo, nariz, rodilla, etc, sino al mismo tiempo el sentimiento de pertenencia de todos estos elementos a un único ser". El esquema corporal se encuentra incluido en la percepción del espacio, cuando se construye un marco interno de referencia en donde cada parte del cuerpo se ubica en relación con las otras, y años después, alrededor de los seis o siete años, en la distinción entre izquierda y derecha en sí mismo y, alrededor de los ocho o nueve años, en relación con otro individuo.
El esquema corporal es un proceso en constante evolución; tiene una parte biológica constitucional y otra evolutiva. Esta última se evidencia en el logro de la organización postural, en el equilibrio y en la desaparición e integración de los reflejos primitivos. En todo esto se mezclan estímulos sensoriales y motrices, así como factores sociales y emocionales.
Por otra parte, la sensopercepción es la capacidad neurovegetativa y las vivencias o experiencias que le permiten al individuo mantenerse en interacción constante con el medio, al recibir estímulos por vías aferentes y emitir respuestas eferentes. Deben estimularse en forma específica las áreas gustativa, olfativa, visual, auditiva, somestésica, cinestésica y propioceptiva vestibular.
Desde el momento del nacimiento, los sentidos del niño están listos para captar y responder a los estímulos. En su caso, la visión es inmadura por la ausencia de luz dentro del útero materno; durante las primeras semanas de vida, los recién nacidos ven mejor a una distancia aproximada de 20 a 22 cms y tienen dificultad para enfocar con precisión a menor o mayor distancia. El rostro de la madre es el estímulo visual predominante y preferido del bebé. Puede distinguir el blanco y negro, y preferentemente mira patrones de líneas rectas y círculos sobre cuadrados, según las investigaciones de Robert Fantz. En las primeras dos o tres semanas de vida se presentan episodios de "atención obligatoria" que lo hacen mantener por periodos prolongados la mirada fija y que posteriormente se reducen.
Hacia los tres meses y medio la acomodación visual del bebé se acerca a la del adulto. Una de las principales habilidades por estimular es el seguimiento visual primero con movimientos de los ojos y después de la cabeza.
En lo referente a la audición, desde la vida intrauterina el niño se encuentra en un ambiente sonoro, debido a que los líquidos que lo protegen y rodean producen ondas sonoras con su movimiento. Desde su nacimiento recibe más experiencias de su ambiente que estimulan sus capacidades de localización, discriminación, identificación y selección de sonidos, ritmos, memoria auditiva, etc.
Las sensaciones gustativas y olfativas se relacionan íntimamente y en el recién nacido y los niños pequeños la principal estimulación es el olor materno y la alimentación.
Las sensaciones somestésicas se refieren a toda la información recibida por el tacto. Desde recién nacido el niño interpreta algunas de las sensaciones de su cuerpo y responde con movimientos reflejos; aunque estas reacciones son automáticas, las sensaciones deben integrarse para que el reflejo ocurra con un significado y propósito. Así mismo, en el bebé, las sensaciones táctiles son una fuente fundamental de satisfacción emocional. El contacto de la piel entre la madre y el niño es esencial para el cerebral y para el desarrollo del vínculo de la madre y el hijo. Es importante estimular con consistencias, texturas, espesor, temperaturas, presión y contacto, y ayudar al niño a identificar y ubicar sus sensaciones de dolor.
Las áreas cinestésica y propioceptiva vestibular se presentan juntas debido a la semejanza de sus estímulos y respuestas, aunque se encuentran en órganos sensoriales diferentes. La cinestesia se ubica en los receptores de los músculos, tendones y articulaciones, e interpreta la extensión, presión y tono muscular, mientras que la propiocepción vestibular se halla en los canales semicirculares del oído y se encarga de captar la información para mantener el cuerpo en relación con la fuerza de gravedad y el equilibrio. Ambas contribuyen a la precisión de los movimientos y a la posición corporal.
LENGUAJE
El manejo del habla no es sólo una cuestión de aprendizaje, sino que se relaciona con la maduración. La capacidad de hablar de un modo claro y comprensible constituye un requisito fundamental para la integración del individuo a la sociedad, y cualquier problema que impida esta posibilidad acarrea consecuencias negativas en la vida de la persona.
El lenguaje se desarrolla de forma natural y espontánea y proceso respeta leyes semejantes en todos los niños. Existe un periodo básico para la iniciación del habla, llamado pre-lingüístico, y que empieza con el llanto como primera forma de comunicación. En la medida en que éste muestre diferentes intensidades, patrones y tonos, expresará necesidades de diferente índole.
Existen también sonidos bucales y guturales diversos que se producen al principio espontáneamente y en forma aislada, y que después se tornan repetitivos (balbuceo). De los siete a los 12 meses imitan "accidentalmente" sonidos producidos por ellos mismos u otras personas; cerca de los nueve meses imitan sonidos deliberadamente aunque no los entiendan y llegan a la pronunciación de sílabas y emisión de las primeras palabras al final del primer año de vida.
Una vez que los bebés tienen un repertorio primario de sonidos, los unen de manera que suenan a lenguaje pero sin significado. Aunque este discurso prelingüístico no representa conceptos específicos, por lo que carece de importancia semántica, es significativo por expresar una amplia gama de emociones a través de diferentes entonaciones emocionales. La producción de sonidos requiere del uso de ciertos órganos: nariz, garganta, control de los músculos de la lengua y las mejillas, etc. Con la primera palabra se inicia el discurso lingüístico.
Al final del primer año de vida, el niño entiende gran parte de lo que se le dice, aún cuando su capacidad de expresión verbal es considerablemente menor.
Después de tener una visión del desarrollo del niño en el primer año de vida, es importante conocer algunas pautas generales de estimulación; recuérdese, no obstante, que la creatividad es
el mejor de los recursos. Los siguientes ejercicios se basan en las recomendaciones de Margarita Nieto en su Guía para estimular los primeros años de desarrollo del niño.
Primer mes
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Colocar al niño en diversas posiciones: prona (boca abajo), supina (boca arriba), de lado y variar su posición en la cuna, volteándolo a veces hacia la cabecera o hacia los pies de la cama.
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Mover sus brazos y piernas, abrir y cerrar con suavidad sus manos y dedos, mover sus pies en todas direcciones.
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Colocar un dedo en su mano, propiciando que lo sujete Observar si reacciona a los sonidos, conversar en tono de voz natural, y cantarle.
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Colocar objetos a su vista y observar si los mira. Con el niño en posición supina colgar un objeto y balancearlo para que el niño lo siga con la mirada.
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Estimular su cuerpo con toallas de texturas diferentes.
Segundo mes
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Colocarlo en posición inclinada para que intente levantar la cabeza
Mover brazos y piernas más ampliamente
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Tocar una campana y diversos objetos sonoros a cada lado de la cabeza y observar si fija su atención al sonido
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Mostrarle objetos llamativos para que los observe
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Seguir estimulando el seguimiento visual de un objeto que se balancea frente a sus ojos
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Ayudarlo a ejecutar movimientos de prensión, colocando en su mano objetos como sonajas
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Dar estimulación táctil con texturas variadas.
Tercer mes
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Continuar con las actividades de meses anteriores
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Sentarlo sosteniendo su cuello, espalda y cabeza sobre los brazos del adulto
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En posición inclinada llamar su atención con sonidos u objetos para que levante la cabeza más alto que el tronco y ayudarlo, en la misma posición, a sentir apoyo en sus antebrazos
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Favorecer con una linterna el seguimiento de estímulos luminosos
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Colocar en su mano una sonaja y ayudarlo a producir sonidos con ella
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Mostrarle sus manos
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Colocar un trapo ligero sobre su rostro para que intente retirarlo
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Asolearlo preferiblemente en horas de la mañana cuando el sol no este muy fuerte.
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Colocar sonajas (cascabeles) en muñecas y tobillos, alternadamente, para estimular el movimiento de sus miembros y la atención a los sonidos
Cuarto mes
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Colocar al niño en postura horizontal y ayudarlo a rodar de dicha posición a inclinada
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Colocar al niño en posición inclinada apoyado en sus antebrazos y balancear un objeto para que lo siga con la vista
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Ayudarlo a juntar sus manos como aplaudiendo
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Colocar aros en sus manos para que intente acercarlos
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Si es necesario, sostenido con almohadas, sentarlo y colocar objetos llamativos frente a él. Empezar por periodos breves y aumentarlos hasta un máximo de 15 Min.
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Hacer que mire sus manos
Quinto mes
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Repetir las actividades de meses anteriores
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Colocar al niño en posición inclinada y ayudarlo a rodar
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Sentarlo frente a frente con el adulto, ayudándolo a sostener su cabeza
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Sentarlo frente a una mesa y permitirle manipular dados, campanas, aros, pelotas
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Con el niño en posición horizontal, sosteniendo bien sus manos, jalarlo suavemente de frente para que levante la cabeza y los hombros a poca distancia de la superficie
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Mostrarle objetos y estimularlo para que los alcance
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Estimular con texturas como esponjas sus pies y manos
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Colocar y balancear una sonaja en su mano
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Apoyarlo en sus antebrazos
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Promover que tanto en posición inclinada como horizontal eleve su cabeza
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Ayudarlo a sostener su biberón, envolviéndolo en tela
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Ponerlo frente al espejo, conversar y sonreír con él
Sexto mes
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Reforzar los ejercicios de los meses anteriores
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En posición inclinada, apoyarlo en sus antebrazos con las rodillas flexionadas
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Ayudar al niño a sentarse por algunos minutos, apoyando sus manos en el suelo, con las piernas extendidas y separadas
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Mostrarle sus manos y dedos, frotándoselos
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Ayudarlo a sostener objetos con sus manos, usando prensión palmar, es decir, con la palma de la mano; colocar un cubo pequeño en cada una de sus manos y ayudarlo a sostenerlos
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Favorecer y ayudarlo a que pase un objeto de una mano a la otra
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Jugar con él golpeando la superficie de una mesa con sus manos abiertas
Observar si el niño percibe los sonidos que se producen fuera de su campo visual o incluso en otra habitación
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Mostrarle objetos, dejarlos caer y observar si los busca
Séptimo mes
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En posición horizontal, con su cabeza sobre una almohada estimularlo a levantarla, mostrándole objetos llamativos
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Sentarlo por algunos minutos con las piernas flexionadas y con apoyo en sus manos
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Ayudar al niño a pasar de posición horizontal a inclinada y viceversa
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Motivarlo a que se siente
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Tanto en posición inclinada como en horizontal estimularlo con sonidos para que se desplace en dirección de la fuente sonora
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Ponerlo a gatas, haciéndolo ejecutar movimientos simultáneos de brazos y piernas del mismo lado del cuerpo
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Ayudarlo y estimularlo a levantarse apoyado en un barandal, silla, etc.
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Hacerlo "saltar" estando de pie, sosteniéndolo debajo de los brazos
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En posición horizontal, ayudarlo a acercar sus pies a la cara
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Colocar una sonaja u objeto en su mano para que golpee con él la superficie de una mesa
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Mientras el niño sostiene un objeto con su mano, mostrarle otro y promover que lo agarrar
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Platicar con el niño frente al espejo, señalándole algunas partes de su cuerpo. Llamarlo siempre por su nombre